EL IDEAL Granada 2001  

 

Internet y la secta de Heaven´s Gate


El mal se ha relacionado en muchas ocasiones con la carencia, con la nada con el no-ser. Pero también con lo ignorado o lo desconocido. Hay algo de tribal y de ancestral en la figura del mal, que reside aún en nuestras conciencias y que viene íntimamente ligado a lo inexplicable, a lo inabarcable, al conocimiento. Zaratustra, bajo un dualismo gnóstico admitía un principio del mal o de las tinieblas y un principio del bien o de la luz. Lo que nuestro conocimiento alumbra o ilumina pasa a un estado superior o positivo.

Existe en la actual sociedad un nuevo género de intelectual que Umberto Eco denomina, el moralista cultural. Ante cualquier cambio de tipo social, técnico o cultural, éste lo estigmatiza bajo un pretendido humanismo situándolo entre los aspectos más negativos de una sociedad masificadora y fantacientífica. Estos, cuyo ejército se ha visto últimamente abultado con la emergencia de las nuevas tecnologías, tienen sobre todo en Internet un jugoso caldo de cultivo. La novedad del fenómeno unida a su gran potencialidad y al enorme poder de atracción que ejerce, sobre todo entre los más jóvenes por el hecho de ser un espacio de comunicación y de intercambio de información completamente libre de normas y regulaciones, ha hecho que surjan todo tipo de voces de alarma y objeciones que nos previenen de sus peligros.

Internet surgió desde la más obvia y elemental necesidad de comunicación. Los mas complejos y eficaces sistemas naturales se estructuran en forma de amplias redes de interconexiones como el sistema neuronal de nuestro sistema nervioso o el sistema circulatorio. Las redes informáticas se organizan bajo un principio parecido. La información que puede contener un ordenador aisladamente en su propio disco duro es muy extensa. Un disco duro de tamaño medio puede albergar el equivalente a unas 100.000 páginas en formato A4: unos 500 libros de 200 páginas cada uno. Si ese ordenador pudiera intercambiar su información con otro ordenador lejano y este a su vez con otro, la capacidad informativa se duplicaría, triplicaría, etc. en función del número de máquinas que estén conectadas. Dos son más que uno, cuatro más que dos.

A mediados de los 60 se crea ARPANET, la primera red informática desarrollada con el objetivo de facilitar la comunicación entre investigadores. Un complejo protocolo de comunicación informática denominado en siglas TCP-IP (Transmisión Control Protocol-Internet Protocol), permitió que cualquier ordenador con independencia de su aspecto, idioma o lugar de origen pudiera comprender los impulsos electrónicos de otro ordenador en otra parte del mundo y transformarlos en una información precisa. Hoy son ya mas de 30.000.000 de máquinas conectadas y hablando el mismo idioma. Una información equivalente a 500 libros multiplicados por 30 millones. Un prodigioso acontecimiento que permite llevarnos a nuestras casas a golpe de teclado la biblioteca Bodleian de Oxford, los 33 tomos de la Enciclopedia Británica o los mejores cuadros del Louvre, algo que hubiera hecho las delicias de científicos, pensadores y artistas de todas las épocas.

Lo deslumbrante del fenómeno y la velocidad de su irrupción en la sociedad hace que surjan reacciones contrarias que nos previenen de sus peligros. A la vez vemos cómo noticias sobre sucesos escabrosos se presentan en ocasiones relacionados con Internet alimentando la crónica negra y suscitando las dudas a quien no lo conoce. Si existen redes de narcotráfico, redes de prostitución, redes de contrabando … una red de redes como internet, puede parecer algo así como una superestructura del mal organizado a gran escala. Y discurriendo a la velocidad de vértigo gracias a las autopistas de la información.

A medida que se amplían y extienden nuestras posibilidades de comunicación, también se amplían y extienden las posibilidades de difusión y proselitismo de actividades delictivas. Y esto es igual de cierto para todos los medios de comunicación desde la imprenta hasta el teléfono. Pero no son los medios los que estimulan su aparición.

Las propuestas apocalípticas y milenaristas que impulsaba el líder de la secta Heavens Gate eran conocidas en California desde los años 70. Su líder Applewhite, asiduo visitante de psiquiátricos, con un ideal andrógino que le llevó a castrarse y con una creencia paranoica en ovnis y extraterrestres, creía que los Luciferinos dominaban la Tierra e imponían al mundo falsedades como las normas sociales o la corrección política. El mismo se consideraba alienígena y prometía a sus seguidores la gloria celestial y viajar en un ovni. Para la difusión de tamañas barbaridades utilizó todos los medios disponibles a su alcance: libros y revistas, conferencias, videos e incluso un programa radiofónico. El peligro de la irracionalidad de sus ideas estaba fuera de toda duda con independencia del medio que utilizara para darlas a conocer. Estuvo arrestado durante un tiempo por reclutar seguidores para su movimiento pero posteriormente alquiló un rancho en una urbanización de lujo al norte de San Diego por un valor de unos 2 millones de pesetas mensuales en el que pudo realizar junto con sus acólitos la preparación ascética de tan trágico viaje.

Cualquier relación que se quiera establecer entre las místicas y paranoicas creencias de este individuo y la red Internet es puramente circunstancial. Es lo mismo que relacionar a un asesino descarnado con el teléfono que utiliza para avisar a sus víctimas. El que esta secta haya querido ver en el cometa Hale-Bopp un transporte al más allá o un vehículo para fundirse con el cielo; el que haya visto en Internet un templo de culto, no es un problema del Halle-Bopp que bastante tiene con persistir errante su curso, ni de Internet. Es un problema que tiene que ver con disfunciones graves en la educación, la salud o la cultura tanto de los líderes como de los pobres inocentes que se dejan guiar por ellos. En Estados Unidos se calculan en torno a 17.000 sectas diferentes. De ellas según el CAN (Red de Prevención de Cultos) unas 2.500 son destructivas. Se estima que existen unos 2,5 millones de seguidores de estas sectas en un país donde el 93 % de la población confiesa creer en los ángeles y en donde series de televisión como Start Treck o Expediente X son devoradas. Series a las que eran fervientes adictos los 39 suicidas de la secta. Más que sobre los peligros de los medios de comunicación habría que hablar de los peligros del consumo indiscriminado de creencias y fantasías irracionales de todo tipo.

En un libro reciente Norman Bilbeny habla de una inquietante realidad que asola nuestro tiempo: el surgimiento de un nuevo tipo de individuos carente de afectos o emociones, sin motivaciones personales, indiferentes a la vida o al amor y que denomina el idiota moral. El mal de nuestra sociedad no tiene una apariencia especialmente notoria ni monstruosa. Su aspecto puede ser completamente normal, como el del líder de la secta de la Puerta del Cielo del que decían que era dócil y respetuoso. Pero tras su angelical disfraz se ocultaba un individuo con una ignorancia supina sobre el bien y el mal y un irrefrenable impulso dentro de sus costillas al suicidio y la barbarie.

Javier Ruiz Núñez

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