Internet y la secta de Heaven´s
Gate
El mal se ha relacionado en muchas ocasiones con la carencia,
con la nada con el no-ser. Pero también con lo ignorado
o lo desconocido. Hay algo de tribal y de ancestral en la figura
del mal, que reside aún en nuestras conciencias y que
viene íntimamente ligado a lo inexplicable, a lo inabarcable,
al conocimiento. Zaratustra, bajo un dualismo gnóstico
admitía un principio del mal o de las tinieblas y un
principio del bien o de la luz. Lo que nuestro conocimiento
alumbra o ilumina pasa a un estado superior o positivo.
Existe en la actual sociedad un nuevo género
de intelectual que Umberto Eco denomina, el moralista cultural.
Ante cualquier cambio de tipo social, técnico o cultural,
éste lo estigmatiza bajo un pretendido humanismo situándolo
entre los aspectos más negativos de una sociedad masificadora
y fantacientífica. Estos, cuyo ejército se ha
visto últimamente abultado con la emergencia de las nuevas
tecnologías, tienen sobre todo en Internet un jugoso
caldo de cultivo. La novedad del fenómeno unida a su
gran potencialidad y al enorme poder de atracción que
ejerce, sobre todo entre los más jóvenes por el
hecho de ser un espacio de comunicación y de intercambio
de información completamente libre de normas y regulaciones,
ha hecho que surjan todo tipo de voces de alarma y objeciones
que nos previenen de sus peligros.
Internet surgió desde la más obvia
y elemental necesidad de comunicación. Los mas complejos
y eficaces sistemas naturales se estructuran en forma de amplias
redes de interconexiones como el sistema neuronal de nuestro
sistema nervioso o el sistema circulatorio. Las redes informáticas
se organizan bajo un principio parecido. La información
que puede contener un ordenador aisladamente en su propio disco
duro es muy extensa. Un disco duro de tamaño medio puede
albergar el equivalente a unas 100.000 páginas en formato
A4: unos 500 libros de 200 páginas cada uno. Si ese ordenador
pudiera intercambiar su información con otro ordenador
lejano y este a su vez con otro, la capacidad informativa se
duplicaría, triplicaría, etc. en función
del número de máquinas que estén conectadas.
Dos son más que uno, cuatro más que dos.
A mediados de los 60 se crea ARPANET, la primera
red informática desarrollada con el objetivo de facilitar
la comunicación entre investigadores. Un complejo protocolo
de comunicación informática denominado en siglas
TCP-IP (Transmisión Control Protocol-Internet Protocol),
permitió que cualquier ordenador con independencia de
su aspecto, idioma o lugar de origen pudiera comprender los
impulsos electrónicos de otro ordenador en otra parte
del mundo y transformarlos en una información precisa.
Hoy son ya mas de 30.000.000 de máquinas conectadas y
hablando el mismo idioma. Una información equivalente
a 500 libros multiplicados por 30 millones. Un prodigioso acontecimiento
que permite llevarnos a nuestras casas a golpe de teclado la
biblioteca Bodleian de Oxford, los 33 tomos de la Enciclopedia
Británica o los mejores cuadros del Louvre, algo que
hubiera hecho las delicias de científicos, pensadores
y artistas de todas las épocas.
Lo deslumbrante del fenómeno y la velocidad
de su irrupción en la sociedad hace que surjan reacciones
contrarias que nos previenen de sus peligros. A la vez vemos
cómo noticias sobre sucesos escabrosos se presentan en
ocasiones relacionados con Internet alimentando la crónica
negra y suscitando las dudas a quien no lo conoce. Si existen
redes de narcotráfico, redes de prostitución,
redes de contrabando … una red de redes como internet,
puede parecer algo así como una superestructura del mal
organizado a gran escala. Y discurriendo a la velocidad de vértigo
gracias a las autopistas de la información.
A medida que se amplían y extienden nuestras
posibilidades de comunicación, también se amplían
y extienden las posibilidades de difusión y proselitismo
de actividades delictivas. Y esto es igual de cierto para todos
los medios de comunicación desde la imprenta hasta el
teléfono. Pero no son los medios los que estimulan su
aparición.
Las propuestas apocalípticas y milenaristas
que impulsaba el líder de la secta Heavens Gate eran
conocidas en California desde los años 70. Su líder
Applewhite, asiduo visitante de psiquiátricos, con un
ideal andrógino que le llevó a castrarse y con
una creencia paranoica en ovnis y extraterrestres, creía
que los Luciferinos dominaban la Tierra e imponían al
mundo falsedades como las normas sociales o la corrección
política. El mismo se consideraba alienígena y
prometía a sus seguidores la gloria celestial y viajar
en un ovni. Para la difusión de tamañas barbaridades
utilizó todos los medios disponibles a su alcance: libros
y revistas, conferencias, videos e incluso un programa radiofónico.
El peligro de la irracionalidad de sus ideas estaba fuera de
toda duda con independencia del medio que utilizara para darlas
a conocer. Estuvo arrestado durante un tiempo por reclutar seguidores
para su movimiento pero posteriormente alquiló un rancho
en una urbanización de lujo al norte de San Diego por
un valor de unos 2 millones de pesetas mensuales en el que pudo
realizar junto con sus acólitos la preparación
ascética de tan trágico viaje.
Cualquier relación que
se quiera establecer entre las místicas y paranoicas
creencias de este individuo y la red Internet es puramente circunstancial.
Es lo mismo que relacionar a un asesino descarnado con el teléfono
que utiliza para avisar a sus víctimas. El que esta secta
haya querido ver en el cometa Hale-Bopp un transporte al más
allá o un vehículo para fundirse con el cielo;
el que haya visto en Internet un templo de culto, no es un problema
del Halle-Bopp que bastante tiene con persistir errante su curso,
ni de Internet. Es un problema que tiene que ver con disfunciones
graves en la educación, la salud o la cultura tanto de
los líderes como de los pobres inocentes
que se dejan guiar por ellos. En Estados Unidos se calculan
en torno a 17.000 sectas diferentes. De ellas según el
CAN (Red de Prevención de Cultos) unas 2.500 son destructivas.
Se estima que existen unos 2,5 millones de seguidores de estas
sectas en un país donde el 93 % de la población
confiesa creer en los ángeles y en donde series de televisión
como Start Treck o Expediente X son devoradas. Series a las
que eran fervientes adictos los 39 suicidas de la secta. Más
que sobre los peligros de los medios de comunicación
habría que hablar de los peligros del consumo indiscriminado
de creencias y fantasías irracionales de todo tipo.
En un libro reciente Norman
Bilbeny habla de una inquietante realidad que asola nuestro
tiempo: el surgimiento de un nuevo tipo de individuos carente
de afectos o emociones, sin motivaciones personales, indiferentes
a la vida o al amor y que denomina el idiota moral. El mal de
nuestra sociedad no tiene una apariencia especialmente notoria
ni monstruosa. Su aspecto puede ser completamente normal, como
el del líder de la secta de la Puerta del Cielo del que
decían que era dócil y respetuoso. Pero tras su
angelical disfraz se ocultaba un individuo con una ignorancia
supina sobre el bien y el mal y un irrefrenable impulso dentro
de sus costillas al suicidio y la barbarie.
Javier Ruiz Núñez