LA OPINIÓN Granada 2004  

 

Anatomistas

Un grupo de honorables anatomistas de Florencia ha concluído, en un estudio realizado a lo largo de muchos años, que el cuerpo pétreo del David esculpido por Miguel Angel, tiene una imperfección. Tiene un pequeño error corporal insalvable en su parte anatómica posterior. Se trata de un minúsculo relieve muscular, un declive inverso, una protuberancia accidental situada, con toda la precisión científica de que han sido capaces los investigadores, en un punto concretísimo del sistema muscular, equidistante entre la columna vertebral y el omóplato derecho. Lo que movía a los anatomistas florentinos a realizar tan severo estudio, era poner de relieve una importante pauta de error anatómica en la famosa escultura, desconocida hasta hoy.

A pocos kilómetros de allí, aviones americanos A10 Thunderbolt descargaban una ráfaga de misiles Maverick y Sidewinder sobre un barrio de Bagdag, segando el brazo de una niña de nueve años. El médico irakí que atendió a la chiquilla, fue capaz de discernir, en un único estudio realizado en milésimas de segundo, la horrible deformidad anatómica ocasionada por la bomba. Con la agilidad propia de un hospital en guerra, detectó cómo, un hilo fino de vida aún unía el brazo estirpado por el fuego al resto del cuerpo. En vez de intentar amputar el miembro y detener la hemorragia, el médico lo envolvió de inmediato con una venda, a la espera de que pudiera ser atendida. Lo que movía al médico irakí era que la niña recuperara su brazo muerto.

Un cirujano anatomista español, el Doctor Fernando Fonseca, de Médicos del mundo, fue el responsable de llevar a cabo el milagro. En el interior de un lúgubre quirófano de Bagdag, con muy pocos medios, pero con toda la rabia acumulada por el injusto bombardeo, el cirujano consiguió reconstruir el brazo inerte de la jovencita Mawj Al Obaidi, utilizando huesos e injertos de su propio cuerpo. Cortó parte de su peroné, un pedazo de 12 centímetros, y lo soldó a lo que quedaba del húmero destruído. En solo siete horas de intervención ya se había fijado parte del miembro. Gracias a sus conocimientos anatómicos, el Doctor Fonseca logró extraer en posteriores intervenciones, músculos activos del antebrazo y trasladarlos a los extensores de la muñeca. Perforó también los huesos injertados y reconvirtió parte del tendón peróneo lateral de la pierna derecha en un ligamento, consiguiendo restablecer la función del codo inexistente. Extrajo luego 35 centímetros de nervios surales de cada pierna y, como si fueran cables de teléfono, los utilizó para hacer un puente y reemplazar los nervios rotos en la zona destruída del brazo, engarzando luego, con una precisión asombrosa, los minúsculos filamentos con puntos de hilo de nailon.

Esta operación de orfebrería quirurgica acabó en una obra colosal: la recomposición del brazo de una niña que ahora es capaz de utilizar las manos, dibujar con sus dedos y echarse a la boca un trozo de pan. La cirujía reconstructiva ha podido reconstruir, lo que el ejército americano había destruído de un bombazo. Cuando le preguntaron al medico cual era el objeto de su trabajo, él solo contestó: “Es un tipo de arte”.

Mawj Al Obaidi, esta niña de corazón bello y cuerpo reparado e imperfecto algún día visitará Florencia para contemplar al David. Admirará la belleza de su silueta y la perfección de sus formas. Y jamás percibirá en aquel gigante pluscuamperfecto, la presencia de aquella diminuta malformación, por más que el equipo de anatomistas florentinos insista con severidad morbosa y obscena, en su futil existencia.

 

Javier Ruiz Núñez

 

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