Anatomistas
Un grupo de honorables anatomistas de Florencia
ha concluído, en un estudio realizado a lo largo de muchos
años, que el cuerpo pétreo del David esculpido
por Miguel Angel, tiene una imperfección. Tiene un pequeño
error corporal insalvable en su parte anatómica posterior.
Se trata de un minúsculo relieve muscular, un declive
inverso, una protuberancia accidental situada, con toda la precisión
científica de que han sido capaces los investigadores,
en un punto concretísimo del sistema muscular, equidistante
entre la columna vertebral y el omóplato derecho. Lo
que movía a los anatomistas florentinos a realizar tan
severo estudio, era poner de relieve una importante pauta de
error anatómica en la famosa escultura, desconocida hasta
hoy.
A pocos kilómetros de allí, aviones
americanos A10 Thunderbolt descargaban una ráfaga de
misiles Maverick y Sidewinder sobre un barrio de Bagdag, segando
el brazo de una niña de nueve años. El médico
irakí que atendió a la chiquilla, fue capaz de
discernir, en un único estudio realizado en milésimas
de segundo, la horrible deformidad anatómica ocasionada
por la bomba. Con la agilidad propia de un hospital en guerra,
detectó cómo, un hilo fino de vida aún
unía el brazo estirpado por el fuego al resto del cuerpo.
En vez de intentar amputar el miembro y detener la hemorragia,
el médico lo envolvió de inmediato con una venda,
a la espera de que pudiera ser atendida. Lo que movía
al médico irakí era que la niña recuperara
su brazo muerto.
Un cirujano anatomista español, el Doctor
Fernando Fonseca, de Médicos del mundo, fue el responsable
de llevar a cabo el milagro. En el interior de un lúgubre
quirófano de Bagdag, con muy pocos medios, pero con toda
la rabia acumulada por el injusto bombardeo, el cirujano consiguió
reconstruir el brazo inerte de la jovencita Mawj Al Obaidi,
utilizando huesos e injertos de su propio cuerpo. Cortó
parte de su peroné, un pedazo de 12 centímetros,
y lo soldó a lo que quedaba del húmero destruído.
En solo siete horas de intervención ya se había
fijado parte del miembro. Gracias a sus conocimientos anatómicos,
el Doctor Fonseca logró extraer en posteriores intervenciones,
músculos activos del antebrazo y trasladarlos a los extensores
de la muñeca. Perforó también los huesos
injertados y reconvirtió parte del tendón peróneo
lateral de la pierna derecha en un ligamento, consiguiendo restablecer
la función del codo inexistente. Extrajo luego 35 centímetros
de nervios surales de cada pierna y, como si fueran cables de
teléfono, los utilizó para hacer un puente y reemplazar
los nervios rotos en la zona destruída del brazo, engarzando
luego, con una precisión asombrosa, los minúsculos
filamentos con puntos de hilo de nailon.
Esta operación de orfebrería quirurgica
acabó en una obra colosal: la recomposición del
brazo de una niña que ahora es capaz de utilizar las
manos, dibujar con sus dedos y echarse a la boca un trozo de
pan. La cirujía reconstructiva ha podido reconstruir,
lo que el ejército americano había destruído
de un bombazo. Cuando le preguntaron al medico cual era el objeto
de su trabajo, él solo contestó: “Es un
tipo de arte”.
Mawj Al Obaidi, esta niña de corazón
bello y cuerpo reparado e imperfecto algún día
visitará Florencia para contemplar al David. Admirará
la belleza de su silueta y la perfección de sus formas.
Y jamás percibirá en aquel gigante pluscuamperfecto,
la presencia de aquella diminuta malformación, por más
que el equipo de anatomistas florentinos insista con severidad
morbosa y obscena, en su futil existencia.
Javier Ruiz Núñez