LA OPINIÓN DE GRANADA Agosto 2005  

 

Bisagras

Hay invenciones que resisten el paso del tiempo y sería impensable que desaparecieran, como las bisagras, por ejemplo. La bisagra es un conjunto de piezas articuladas entre sí, cuya misión principal es facilitar el movimiento giratorio de una puerta. Es una pieza avanzada, que trabaja con una enorme solvencia, invisibilidad y discreción. Su funcionalidad deriva, no sólo de su capacidad de apertura, sino de la retórica que lleva implícita. La bisagra llena de expresión a la puerta. Produce un tipo de semántica insuficientemente estudiada. La bisagra permite, que el acto de abrir una puerta, adquiera resonancia significativa. Si se abre la puerta con sigilo, la bisagra se contrae, denotando solemnidad y respeto. Si se empuja de forma aparatosa, la bisagra entonces se expande, mostrando toda la fuerza bruta del acontecimiento. Una puerta que se cierra bruscamente, expresa indignación, rabia, cólera. Una bisagra que chirría está llena de magia, suspense e intriga.

Algunos de los nuevos edificios públicos, se comunican, no con puertas abisagradas, sino mediante puertas automáticas correderas, que no tienen ninguna connotación retórica. No solo suponen un desacierto arquitectónico, sino también un atraso intelectivo y un desacato biológico. Este tipo de puerta sin aspiraciones semánticas, no logra acomodarse nunca a los requerimientos manipulativos del homínido, por lo que genera indecisión, comportamiento imprecisos y neuróticos y problemas de comunicación. El homínido necesita asideras para moverse. Es una cualidad genuinamente simiesca, buscar siempre la agarradera en su desplazamiento, asirse a todo aquello que encuentra. La mano es, además, una ramificación del cerebro. La actividad mental del homínido, deriva, casi de forma absoluta, de su posibilidad de tocar. El homínido jamás se adaptará a ese trasunto tecnológico, que es la puerta automática corredera, de diseño impalpable, por más que se empeñen los arquitectos.

La bisagra es un mecanismo que actúa, no solo en el espacio arquitectónico, sino también en el anatómico, a nivel de las articulaciones, y en el metafórico. Los codos y las rodillas tienen una articulación en forma de bisagra, que permite doblar y estirar brazos y piernas. También hay bisagras mucho más pequeñas en los dedos de las manos y de los pies. Ambos tipos de bisagras pueden atrofiarse, produciendo alteraciones molestas. Hay muchos mecanismos imperceptibles que actúan como bisagras, como por ejemplo, ciertos modos de pensamiento. Hay mecanismos del pensar, que cuando se abren, permiten renovar el aire; otros, sin embargo, se cierran de forma obtusa y retorcida. Son reaccionarios al cambio, impiden el alivio ideológico.

La bisagra es una metáfora útil, también en la realidad política. Hay partidos políticos que tienen esa capacidad de abrir o cerrar la entrada de ideas y acciones nuevas, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha. Es el caso de Esquerra Republicana de Cataluña, o del Bloque Nacionalista Galego, quien, en las últimas elecciones, ha obtenido la fuerza de dar contenido nacionalista al nuevo gobierno.

Por mucho que la humanidad evolucione, por mucho que la arquitectura se trasforme, éste y otros artilugios del pasado, seguirán existiendo, como mecanismos bien consolidados por la ingeniería y avalados por la biología. Son invenciones que pasan desapercibidas, que se pueden redefinir o rediseñar, pero jamás se perderán, no sólo por su valor funcional, sino por su significación metafórica y poética.


Javier Ruiz Núñez

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