| LA
OPINIÓN DE GRANADA Enero 2005
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Chillida
“¿Cómo es posible que nuestra
vida, formada por sucesivos presentes que no tienen dimensión,
puedan durar veinte, cuarenta, ochenta años? ¿Qué
clase de tiempo conduce a esa duración? ¿Existen
límites en el espíritu? ¿Qué clase
de espacio hace posible los límites en el mundo del espíritu?
¿No será el arte consecuencia de una necesidad,
hermosa y difícil que nos conduce a tratar de hacer lo
que no sabemos hacer? ¿No será la necesidad, prueba
de que el hombre no se considera terminado?” Estas y otras
preguntas realizaba Eduardo Chillida en su discurso de recepción
del Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante. Según
él mismo dijo después: “Yo no represento,
pregunto”. Por eso sus obras están llenas de interrogantes.
Este “herrero del espacio”, como
lo llamó Bachelard, interroga sobre la esencia del tiempo,
sobre la naturaleza de la materia, la composición del
espacio. Sus obras escultóricas realizadas sobre materiales
como hierro, acero, terracota o alabastro, son interrogantes
colgados en el vacío. “En una línea el mundo
se une, con una línea el mundo se divide”. Por
eso, Chillida buscó en cada obra el modo en que las líneas
abren y cierran un espacio, lo envuelven o desnudan. Su obra
es una penetración en el espíritu que habita en
el interior de las formas. Un modo de penetrar en la materia
y la forma caprichosa en que en ocasiones se abre el vacío.
Esta aspiración absoluta a penetar la materia, le llevó,
al final de su vida, a querer socavar una gran cavidad en el
interior de una montaña, la “Montaña mágica”
y hacer de ese interior un espacio abierto a los hombres. Su
gran proyecto polémico, fue iniciado en Tindaya pero
nunca terminado. Provenía de una idea poética
de Salinas, “lo profundo es el aire”.
Chillida fue un artista inquieto que respiró
de los místicos: Goethe, Ekhart, Holderin, Novalis. Octavio
Paz dijo de su obra “es una suerte de física cualitativa
que recuerda a la de los presocraticos”, pero tambien
una metafísica que interroga a la materia y la forma.
Un artista que no cesó de investigar nunca en toda su
vida. “El arte está ligado a lo que no está
hecho, a lo que todavía no has creado. Es algo que está
fuera de tí, adelante y tienes que buscarlo”. Por
eso hay que ir siempre hacia delante, trazarse un nuevo reto.
“El artista debe tener ganas de entender lo que no entiende
y conocer lo que no conoce.” Por eso fue siempre un buscador
insaciable. “En realidad no sé a donde me lleva
el misterio y las percepciones; debo tenerlas dentro”.
Ahora Chillida está expuesto en
la Sala de Caja Granada en la Acera del Casino. Es una buena
oportunidad para contemplar algunos de sus aguafuertes y puntas
secas, unos ejercicios delicados y exquisitos sobre las manos,
sobre el modo en que se baten y pueblan el espacio, como pliegues
extendidos al infinito. También se muestran algunas obras
escultóricas en acero, terracota y hormigón. Se
trata de un repaso sucinto a una parte de su producción.
No es más que una invitación somera, un acercamiento
fugaz y delicado, a un artista que hizo un arte desde dentro.
Javier Ruiz Núñez