Rarezas literarias
El verano abre las puertas a la degustación
de todo tipo de placeres y experiencias, también en
el campo de la literatura. Como en otros asuntos de la vida,
también en el literario, la incursión en lo
raro o lo infrecuente, aporta un placer inusual. La literatura
no es, como se nos sermonea a menudo con afán instructivo,
una forma de aprender. Es ante todo un modo de disfrutar y
puede que sea ese su principal ingrediente. Yo he disfrutado
mucho con ciertos productos literarios considerados raros,
por una mayoría y me han aburrido someramente otros,
aclamados por una minoría, digamos “culta”.
En literatura, como en otras ofrendas de la vida, todo es
cuestión de gustos, de boca y paladar personal, más
que de sesudas disquisiciones objetivas.
Una de esas rarezas literarias con las que
siempre he disfrutado mucho, son las novelas policíacas.
El género policial o el de misterio o las novela de
detectives, como se quiera llamarlo (los expertos distinguen
entre esas tres denominaciones encontrando, en cada una derivaciones
especificas), tan apreciado en el mundo anglosajón,
está poco bien visto en el mundo literario español,
que le considera literatura menor. Sin embargo, desde que
de muy pequeño tuve acceso a mis detectives favoritos,
Dupin, Holmes, Maigret, Poirot, supe que en esa devoción,
estaba el verdadero germen del amor a la literatura, y que
aquellos personajes y sus aventuras, nunca dejarían
de formar parte de mi recetario literario personal, por más
que concienzudas recomendaciones y razones eruditas quisieran
convencerme de lo contrario.
Una de las joyas del género, y una rareza
por lo poco conocida es “La piedra lunar” de Wilkie
Collins, reeditada el año pasado, (Ediciones de Bolsillo,
2003). Esta novela publicada por primera vez en 1868, de más
de setecientas páginas, fue considerada por Borges,
una obra maestra del género y su autor, Collins, el
pionero. Durante la toma por los ingleses de Seringapatam
en India, desparece de un santuario hindú una imponente
joya que pasa a formar parte de la rica heredera de un Lord
Inglés. En la cena de celebración de su cumpleaños,
en Yorkshire, la joya es robada y el afamado sargento Cuff,
de la Brigada de Investigaciones londinense, antecesor de
todos los detectives novelescos, es el encargado del caso.
Su método original y sus peculiares manías,
(entre las que se cuenta, como buen ingles su amor por las
rosas), hace que llegue a desentrañar el complicado
enigma, mientras nosotros nos deleitamos siguiendo el curso
complejo de las averiguaciones. Una lectura estival del todo
recomendable.
Otra rareza literaria, solo para paladares
exquisitos, proviene de uno de esos autores, Rafael Sánchez
Ferlosio que se prodiga bien poco en la vía pública
y que quizás por eso escribe a su solo capricho. “Vendrán
mas años malos y nos harán más ciegos”
(Destino 1993), son una serie de sentencias, alegorías
filosóficas, confesiones personales, misceláneas,
desafíos, en las que Ferlosio se despacha a gusto.
Un libro “poco apto para mentalidades sumarísimas”,
de estructura corta pero de alcance largo, “corrosivo
antídoto contra vetusteces, moderneces y sucedáneos”.
Un libro desafiante para zambullirse en el verano.
Por ultimo, otra rareza, ésta en el
terreno de la divulgación científica. “Hierro
en las espinacas y otras creencias” (Taurus 1999), es
un texto redactado al alimón entre varios expertos,
(gastrónomos, biólogos, médicos…)
y además francés, lo que le da un valor añadido
(la gastronomía molecular es una disciplina excelsamente
francesa). Sus distintos artículos están escritos
con el objeto de desterrar falsas creencias en alimentación,
salud o biología,… (¿Una cucharilla en
el champán conserva las burbujas?, ¿El lechón
ha de estar decapitado antes de ser sacado del horno?, ¿Es
malo el colesterol?). Un libro que pretende desenmascarar,
con gracia y acierto, los rumores y las falsas creencias,
luchando así, contra la superstición y la irracionalidad.