LA OPINION DE GRANADA. Julio 2004  

 

Rarezas literarias

El verano abre las puertas a la degustación de todo tipo de placeres y experiencias, también en el campo de la literatura. Como en otros asuntos de la vida, también en el literario, la incursión en lo raro o lo infrecuente, aporta un placer inusual. La literatura no es, como se nos sermonea a menudo con afán instructivo, una forma de aprender. Es ante todo un modo de disfrutar y puede que sea ese su principal ingrediente. Yo he disfrutado mucho con ciertos productos literarios considerados raros, por una mayoría y me han aburrido someramente otros, aclamados por una minoría, digamos “culta”. En literatura, como en otras ofrendas de la vida, todo es cuestión de gustos, de boca y paladar personal, más que de sesudas disquisiciones objetivas.

Una de esas rarezas literarias con las que siempre he disfrutado mucho, son las novelas policíacas. El género policial o el de misterio o las novela de detectives, como se quiera llamarlo (los expertos distinguen entre esas tres denominaciones encontrando, en cada una derivaciones especificas), tan apreciado en el mundo anglosajón, está poco bien visto en el mundo literario español, que le considera literatura menor. Sin embargo, desde que de muy pequeño tuve acceso a mis detectives favoritos, Dupin, Holmes, Maigret, Poirot, supe que en esa devoción, estaba el verdadero germen del amor a la literatura, y que aquellos personajes y sus aventuras, nunca dejarían de formar parte de mi recetario literario personal, por más que concienzudas recomendaciones y razones eruditas quisieran convencerme de lo contrario.

Una de las joyas del género, y una rareza por lo poco conocida es “La piedra lunar” de Wilkie Collins, reeditada el año pasado, (Ediciones de Bolsillo, 2003). Esta novela publicada por primera vez en 1868, de más de setecientas páginas, fue considerada por Borges, una obra maestra del género y su autor, Collins, el pionero. Durante la toma por los ingleses de Seringapatam en India, desparece de un santuario hindú una imponente joya que pasa a formar parte de la rica heredera de un Lord Inglés. En la cena de celebración de su cumpleaños, en Yorkshire, la joya es robada y el afamado sargento Cuff, de la Brigada de Investigaciones londinense, antecesor de todos los detectives novelescos, es el encargado del caso. Su método original y sus peculiares manías, (entre las que se cuenta, como buen ingles su amor por las rosas), hace que llegue a desentrañar el complicado enigma, mientras nosotros nos deleitamos siguiendo el curso complejo de las averiguaciones. Una lectura estival del todo recomendable.

Otra rareza literaria, solo para paladares exquisitos, proviene de uno de esos autores, Rafael Sánchez Ferlosio que se prodiga bien poco en la vía pública y que quizás por eso escribe a su solo capricho. “Vendrán mas años malos y nos harán más ciegos” (Destino 1993), son una serie de sentencias, alegorías filosóficas, confesiones personales, misceláneas, desafíos, en las que Ferlosio se despacha a gusto. Un libro “poco apto para mentalidades sumarísimas”, de estructura corta pero de alcance largo, “corrosivo antídoto contra vetusteces, moderneces y sucedáneos”. Un libro desafiante para zambullirse en el verano.

Por ultimo, otra rareza, ésta en el terreno de la divulgación científica. “Hierro en las espinacas y otras creencias” (Taurus 1999), es un texto redactado al alimón entre varios expertos, (gastrónomos, biólogos, médicos…) y además francés, lo que le da un valor añadido (la gastronomía molecular es una disciplina excelsamente francesa). Sus distintos artículos están escritos con el objeto de desterrar falsas creencias en alimentación, salud o biología,… (¿Una cucharilla en el champán conserva las burbujas?, ¿El lechón ha de estar decapitado antes de ser sacado del horno?, ¿Es malo el colesterol?). Un libro que pretende desenmascarar, con gracia y acierto, los rumores y las falsas creencias, luchando así, contra la superstición y la irracionalidad.

Javier Ruiz Núñez

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