LA OPINIÓN DE GRANADA Junio 2004  

 

Siza

La arquitectura es un oficio que puede responder a dos motivaciones básicas, la artística y la práctica. El objeto de la primera sería, tal vez el levantamiento de una morada con significación espiritual para la historia del ser humano. La segunda, responde sobretodo a un fin comercial la creación de un edificio-albergue rentable. Nos sentimos más próximos al sentido arquitectónico que incluye un fin artístico, que a la mera proyección económica del edificio. Aún es más. La casa, la vivienda, para ser una verdadera morada, debe alberguar sensaciones emocionales difícles de explicar: sonidos, voces, ruidos, colores, sensaciones…no solo un habitáculo de confort sino un espacio de recración humana.

Hay personas que desplieguan una simpatía inusual. Álvaro Siza, quien en sus reiteradas visitas a Granada no deja de explicar, con esmero y parsimonia ceremoniosa, con placidez austera y sencilez implacable, los entresijos de su obra, es uno de ellos. Este hombre, según cuenta quien lo conce, de trato amable, no deja de sorprendernos por su radiante sencillez y un encanto personal que se descubre en el modo con el que explica las cosas.

Decía Tusquets que un edificio no se entiende, hasta que no lo tiene ante sus ojos, lo pueda pisar, recorrer, tocar, escuchar…y hasta oler. La capacidad de acoger de un edificio solo se comprende, cuando uno se siente envuelto por él. Desde que se desnudó la fachada del edificio de la fuente de las batallas, muchos tenemos enormes ganas de visitarlo, acercarnos a él, sentirnos acogidos por su luz, por el color de su achada interior, por la linea vertical de sus paredes, el color de sus techos. Los que hemos visto y seguido algunas obras de este arquitecto, artista, escultor y filósofo nos sentimos rápidamente animados a conocer una de sus nuevas obras. Más si se trata de una obra que se construye en nuestra ciudad.

El genio sutil de este arquitecto, no se aprecia, sino se explora. Un hombre que a sus noventa y seis años sigue tabajando con el mismo ambicioso entusiasmo. Siza no solo habla de su edificio, habla de lo que le rodea, de las ciudad en el que se ubica. Siza gza fama por un sabio que aprovecha el recurso existente, que odia lo magnífico y aprecia lo sencillo. Su voz queda para siempre plasmada en la fachada elemental de este edificio, pero que se puede interpretar, con una magistral belleza, como un juego de columnas que se abren hacia fuera.

 

Javier Ruiz Núñez

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