| LA
OPINIÓN DE GRANADA Junio 2004
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Ulises
Este mes hace cien años de la fecha que
trascurrió el “Ulises” de James Joyce. Este
periplo urbano protagonizado por Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus
en la ciudad de Dublin, no dura más de un día,
comienza a las 8 de la mañana del Jueves 4 de Junio de
1904 y finaliza a las 2 de la madrugada. Sin embargo, gracias
a la imaginación portentosa de Joyce, esta jornada menguada,
se convierte por un milagro linguístico, en una extensa
epopeya literaria de más de setecientas páginas.
Una “maldita novela monstruo”, como él mismo
la definió.
La historia es tórridamente vulgar. A
pesar de estar construída como un torrente de inspiración,
no pretende ser más que un registro minucioso y sonoro
de las divagaciones mentales de sus dos protagonistas. Y un
archivo enciclopédico de sus anodinas peripecias. Una
nueva odisea homérica despojada de utopía, de
todo misterio o aventura, que Antonio Muñoz Molina, quiso
homenajear en su “Robinson Urbano”, trasladándola
a Granada, y convirtiendo la ciudad en una “gran Alejandria
que a todos nos acoge en la bahía de sus plazas”.
El libro le costó a Joyce más de
siete años escribirlo. Hoy se considera uno de los más
venerados por los críticos, aunque es uno de los menos
leídos por el público. El objetivo de Joyce, a
primera vista, era convertir lo trivial de un mundo cotidiano,
en una experiencia intelectual de elevacion mental y espiritual.
Pero junto a esa intención literaria y explícita,
había otras. Porque Joyce no era solo un empedernido
registrador del detalle, cuidadoso hasta la anomalía
y la extravagancia, sino también un cínico entusiasta.
Su sarcasmo, vengativo en grado sumo, llegó hasta el
extremo de hacer de su obra una opípara maquinación
contra los críticos. Joyce afirmó que había
escrito ese libro “para tener entretenidos a los críticos
durante más de 300 años”. Únicamente
le movió a escribirlo, el afan de inmortalidad. “Si
lo revelara todo inmediatamente,” dice sin asomo de vergüenza,
“perdería inmortalidad.” Por esa única
razón construye el “Ulises” como un voluminoso
jeroglífico. “He metido tantos enigmas y rompecabezas,
que tendré atareados a los profesores durante siglos,
discutiendo sobre lo que quise decir y ese el el único
medio de asegurarse la inmortalidad.”
La obra en sus diversas publicaciones, se acompaña
siempre de esquemas interpretativos, referencias homéricas
y modos de abordar las sucesivas interpolaciones. El mismo Joice,
imaginó una especie de manual interpretativo de la obra,
“una especie de resumen-clave-esqueleto-esquema para uso
doméstico solamente”. Por fin, la obra vio sus
frutos y los críticos se han volcado durante todo este
siglo sobre el magno texto, tozudamente, para elucubrar todo
tipo de sesudas teorías. Pero según el propio
Joyce afrimó, “lo malo es que el publico pedirá
y encontrará una moraleja en mi libro, o peor, lo tomará
de algun modo en serio, y, por mi honor de caballero, no hay
en él una sola línea en serio.”
Javier Ruiz Núñez